Padres y Madres

Ser padre o madre comienza en la concepción, pero no termina con el parto, por el contrario, allí comienza una tarea que no se aprende en forma teórica, sino más bien es un aprendizaje vivencial relacionado, en gran medida, con las experiencias que tuviste como hijo/a. De allí surgen preguntas y la que nos repetimos más frecuentemente es ¿lo estaré haciendo bien?

Mirar esa creatura recién nacida, en que el 50% de sus características son tuyas y por lo tanto de tu familia, incluyendo antepasados cercanos y remotos, te hará sentir que tu vida se prolonga y se extiende en el tiempo más allá de lo que tu corporalidad va a poder vivenciar o experimentar.
Esa creatura depende de ti, comienza a identificarte por el olor, luego por tu voz y unas semanas después por tu imagen. Necesitará que la alimentes, la limpies y estés atento/a a sus manifestaciones especialmente por el llanto, el que puede indicar hambre, frío, calor, dolor…. etc. y tú tendrás que abandonar tu comodidad, olvidarte de tu cansancio y necesidades para atenderlo/a.
Poco a poco tu hijo/a irá creciendo, sus necesidades fisiológicas las manifestará de forma más comprensible para ti y surgirán otros cuidados como la protección y el aprendizaje que tendrás que regular para que vaya adquiriendo herramientas para el futuro.
Y mientras aprende tendrás que generarle autonomía, para que esas herramientas puedan ser eficaces en un futuro próximo y lejano para cuando tú no estés junto a él o ella. En este proceso cometerá errores y esos son fuente de aprendizaje ya que en la vida tendrá que enfrentar adversidades y seguramente tú deseas que sepa enfrentarlas y salir de ellas en forma productiva para si mismo/a y para su entorno. Esta tarea se extiende hasta la adolescencia con todas las variaciones de las características de las diferentes etapas del desarrollo.
Es una tarea compleja cuya mayor dificultad es la regulación de cuánto dar, cuánto dejar hacer, cuánto permitir, cuánto controlar… etc. De allí surge la pregunta Lo estaré haciendo bien?”
Frente a esta pregunta aparecen otras, como por ejemplo:
v  ¿Qué es lo que deseo para mi hijo/a?
v  Esto que deseo ¿lo deseo para mí o para él/ella?
v  Tengo presente que las características de este hijo/a son sólo un 50% mías y de mi familia?
v  ¿Veo en él/ella un ser diferente a mí? o  ¿pretendo que sea lo que yo no pude o no supe ser?.
v  ¿Qué me sucede cuando se comporta de un modo que me desagrada?. ¿Cómo reacciono?
Reflexiona algunos minutos sobre estas preguntas, probablemente una de ellas destacará sobre las otras, de la que surgirán nuevas interrogantes.
M. Eliana Zlatar