Enegrama

El Eneagrama es una antigua sabiduría  que distingue nueve tipos de personalidad y el modo que tiene cada una para enfrentar la vida cotidiana.

Es un mapa e nuestra vida interior, nos hace  tomar conciencia de que siempre filtramos la información de la misma manera. Permite observar los atributos estructurales de la personalidad y los aspectos funcionales de la conducta.
El Eneagrama nos ayuda a Comprender por qué nuestra atención se dirige de forma natural en una determinada dirección y por qué nos interesamos más por unas informaciones que por otras. Allí donde ponemos nuestra atención, ponemos nuestra energía.  En situaciones de estrés podemos enganchar nuestra atención en las preocupaciones del Eneatipo personal, y no podemos focalizarnos en nada más. Una vez descubiertos nuestros comportamientos repetitivos, podremos canalizar mejor nuestra energía y emplearla de diferentes maneras.
Cuando perdemos la capacidad de observar de modo desapasionado nuestro propio comportamiento, estamos bajo el control de nuestros hábitos y  hemos perdido la capacidad de elegir.
La autoobservación es una práctica básica de vida interior. Poder observar los propios hábitos de pensamiento y sentimientos, como un observador desapegado, ayuda a que dichos hábitos sean menos compulsivos y automáticos.
El Eneagrama no es estático, es un modelo dinámico, por lo que no estamos esclavizados por nuestra personalidad, a veces podemos desviar nuestra atención para ver una situación desde otra perspectiva, por lo que podemos liberarnos de algunos hábitos que limitan nuestros puntos de vista y ampliar nuestra conciencia más allá, lo que nos permite comprendernos y comprender mejor al otro.
El Eneagrama nos propone salir en busca de nuestro potencial inexplorado, de aquello que nunca o apenas utilizamos.
Cambiar yo para que cambie el mundo
El sufi Bayasid dice acerca de sí mismo:
“De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios:
-       Señor dame fuerzas para cambiar el mundo –
A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir:
- Señor dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho –
 Ahora que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única oración es la siguiente:
-       Señor dame la gracia de cambiarme a mí mismo –      
Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida.

“El canto del pájaro” Anthony de Mello s.j.
 M. Eliana Zlatar

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